Hola, soy Mónica, tengo 43 años y vivo en una casita viejuna a las afueras de Barcelona, junto a mi marido, mis dos hijas —de 9 y 12 años— y varias mascotas que hacen que la casa esté casi siempre llena de pelos, barro y vida.
Nuestra casa no es perfecta ni pretende serlo. Poco a poco la vamos adaptando a nuestras necesidades y a nuestros gustos, intentando encontrar ese equilibrio entre lo rústico y lo moderno, pero sobre todo intentando que sea un lugar que nos acompañe y no nos agobie.
Cuando todo empezó a desbordarse
Hubo una época de mi vida en la que me sentí completamente sobrepasada en todos los aspectos.
La crianza de mis hijas, ambas neurodiversas, junto con otros asuntos personales y laborales, me desbordaba por completo.
Ese caos interno empezó a reflejarse también en el hogar: ropa, juguetes, papeles y objetos acumulados por todas partes. Todo parecía crecer sin control, y yo sentía que no llegaba a nada.
Vivía con una sensación constante de desbordamiento. Mi mente estaba en modo supervivencia, con el cortisol siempre por las nubes y la ansiedad cada vez más presente. Sentía que no podía con nada, ni siquiera con las cosas más pequeñas.
Leer como primer refugio
Llegó un momento en el que supe que no podía seguir así.
No tenía claro por dónde empezar, pero sí sabía qué era lo único que me ayudaba a calmar la ansiedad y a conciliar el sueño: leer.
Leer en cada momento libre me permitía desconectar la mente del presente, relajarme y dirigir mis pensamientos lejos de donde la ansiedad intentaba llevarme. Era mi refugio.
Empecé leyendo, pero pronto también investigando. Siempre he sido de tomar apuntes a mano, de subrayar, de hacer listas y más listas en mis libretas. Leía todo lo que encontraba sobre bienestar, organización y orden en el hogar, y lo anotaba todo.
Pequeños cambios que lo cambiaron todo
Poco a poco fui descubriendo algo muy importante: los pequeños cambios sí importan.
El orden visual, los espacios acogedores y las rutinas sencillas empezaron a ayudarme a sentir más calma, más claridad mental y una ligera sensación de control sobre mi día a día. No era magia, ni una transformación inmediata, pero sí un camino.
Eso me llevó a ir un paso más allá y a investigar también sobre el autocuidado y el autoconocimiento, y sobre cómo aprender a conocernos mejor puede ayudarnos a gestionar el estrés y la ansiedad de una forma más consciente y amable.
Lo que aprendí en el camino
Con el tiempo entendí algo que hoy tengo muy claro:
el orden y la organización no son un fin en sí mismos, sino herramientas que influyen directamente en nuestro bienestar emocional.
No se trata de tener una casa perfecta, sino de crear espacios que nos sostengan cuando la vida aprieta. De reducir el ruido externo para aliviar un poco el interno.
Y sentí que todo lo que estaba aprendiendo, viviendo y aplicando no debía quedarse solo conmigo.
Así nació Hogar y Calma
Este blog nació como lo que es hoy: un espacio personal y sincero donde comparto mi experiencia, consejos prácticos y herramientas que me han ayudado —y me siguen ayudando— a vivir con más calma.
Hogar y Calma está pensado especialmente para mujeres que, como yo, a veces sienten que el caos las sobrepasa y necesitan parar, respirar y empezar poco a poco.
Aquí no encontrarás casas perfectas ni soluciones milagro.
Encontrarás experiencias reales, aprendizajes honestos y pequeños pasos que sí pueden marcar la diferencia.
Si has llegado hasta aquí, quizá compartimos más de lo que parece.
Puedes contactarme en info@hogarycalma.com o en los comentarios de la web!

